Una vez más debido a mi gusto por remolonear he tenido que ir dos veces a la oficina del paro. Ayer sume con mi demanda una individua más a las… ¿cuántos millones de personas…?
Hoy llegando un poco más temprano pero utilizando más mañana de lo que mi cerebro había calculado de tiempo, he resuelto ¡espero! todo el papeleo.
Me ha dado mucho de si la mañana, además de resolver la burocracia, he ido al banco. Los muy miserables me han cobrado 1,80€ por cobrar mi cheque con el sueldo de los últimos 6 días de trabajo, en una sucursal distinta a la que pertenece quien me lo firmó. He desayunado con Susana, ¡que ha sido una delicia! He comprado tiestos para las dos albahacas que están quejándose desde hace una semana en sus minúsculos recipientes de plástico, una ensaladera para la furgo, también de plástico, pero de un bonito violeta brillante, un bote para que no se sequen/humedezcan las infusiones a las que intento aficionarme en casa y un estupendo pan alemán con la corteza repleta de semillas diversas.
Y además, he conocido a Camila que es de estados unidos y me ha propuesto ejercer de “sujeta experimental” para su método on line de enseñar inglés a gente que no sabe nada o que está desesperada por muchos intentos fallidos. Me ha hablado de la necesidad de fortalecer el oído y saber pronunciar para aprender un idioma. Era muy interesante, pero la gestoría le había hecho mal el certificado de empresa y su jefe se iba el domingo de vacaciones por lo que tenía que recorrer Madrid para asegurarse de que el papelote firmado llegaba a sus manos antes de que se acabe el plazo de presentar los papeles del paro.
¡Una gran mañana!